Juegos con destilados
Cada vez resulta más frecuente la asociación entre destilados y diversos productos alimenticios. La casa Diageo nos propuso este divertido juego de sensaciones.
Antes de comenzar con la cena, su brand ambasador expuso unas pautas imprescindibles para que las armonías resultasen más agradables. Recomendó rebajar los destilados entre un 20 y un 50% para evitar su sensación cálida en boca. Prefería agua al hielo, que desvirtúa el producto. La temperatura de servicio de todos los destilados estaría en torno a los 8-10º C, pero para la cata nos recomendó una temperatura de 20º C que ayudaría a que fluyesen mejor los aromas. Después de estos consejos, comenzó el festín.
El primer plato fue una mezcla de anchoas, verduras y mango que se armonizaba con el whisky Talisker 10 años, un single malt de 46% vol. Del destilado diré que lo elabora la única destilería que existe en Islay y ofrece unas características notas de turba (fósil que se encuentra en el terreno) y de yodo con un sabor contundente. La mezcla de anchoas y whisky ancentuaba las notas amargas y realzaba el salazón. Curiosamente, las anchoas se apoderaban del whisky, que obsequiaba en el final con un inesperado fondo mentolado.
El segundo plato fue un foie micuit con dátil que acompañaba al whisky Cardhu Especial Cask. La particularidad de este destilado es que procede de una selección de las mejores barricas, decididas por el autor. Se vende por lotes y el que tomamos pertenecía al lote 2009/08. El primero que salió a la venta fue el 2007/01. En la combinación, el alcohol del whisky quedaba neutralizado por la grasa del foie y el final era un delicioso perfume que embriagaba el paladar. Simplemente perfecto.
El tercer plato fue un solomillo de atún con salsa de cuscús con el whisky Talisker como compañero. El choque yodado con el atún resultó de lo más sorprendente. Aunque dominaba el whisky, no llegaba a distorsionarse el conjunto. Para que esta armonía funcione, el trago de whisky debe ser sólo para perfumar. Ahí se encuentra el equilibrio.
El último plato fue una carne roja a la plancha, que podía acompañarse con el destilado que cada uno escogiera. Yo me quedé con el whisky Cardhu, que aportaba esa definición que necesitaba la carne, con añadidos de humo, de tierra que magnificaban el plato.
El postre fue un chocolate para el que nos propusieron un interesante juego: un antifaz para los ojos, música ambiental… y comienzo del espectáculo olfato-gustativo. El destilado se mostró potente, elegante, con elegantes notas de crianza. Lleno de complejidades, se ajustó sorprendentemente al chocolate, haciendo de esta experiencia un momento inolvidable. Tras quitarnos el antifaz, muchos averiguamos el nombre del destilado: Ron Zacapa Nº 23, criado en barricas de PX, Bourbon, Xerry y escocesas. Pero el verdadero éxito del evento es liberarnos de prejuicios y dejar desnudos nuestros sentidos, algo que no es fácil que ocurra y que deberíamos experimentar más a menudo.

