Los viejos madeiras nunca mueren

publicado por Sorbo a sorbo el 2 Noviembre, 2009

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Nunca es tarde para descubrir la tradición de vinos y viñedos históricos. Quizás los esquemas básicos de la enología se deberían revisar, pero en estos momentos estoy degustando un vino de ciento nueve años y lo encuentro increíblemente vivo, concentrado, complejo y capaz de aguantar otro tanto sin que por ello se esfume ni uno solo de sus atributos.

Se trata de un raro vino de Madeira llamado D’Oliveira Moscatel 1900. La compañía D’Oliveira se encuentra en pleno centro de Funchal, la coqueta capital de Madeira. Es una de las empresas vitivinícolas que han sobrevivido en la isla a toda clase de circunstancias desde su fundación, allá por el año 1850. Es más, con el paso del tiempo ha ido adquiriendo otras compañías o bodegas.

De la mano de D. Luis de Oliveira, uno de los hermanos propietarios de la compañía, nos adentrados en el intrincado mundo del vino de Madeira, tan complejo y difícil como todos los grandes vinos generosos. Hasta veintidós vinos distintos pude degustar, todos diferentes, todos con esa tenue estela familiar que los une.

Dejando a un lado los vinos menores, amables, sencillos, nos adentramos en el intrincado mundo del buqué que sólo con los muchos años se puede conseguir. Por ejemplo un 15 Anos Seco de aromático buqué y recuerdos de oloroso, equilibrado y seco (dentro de lo que cabe, los secos deben llevar al menos unos 40 gr/litro de azúcar) elaborado con una casta tinta llamada Tinta Negra.

O un Sercial 1969 de bellos colores castaño-caoba con fondos cobrizos, complejos aromas de frutos secos, de muebles nobles, de café, concentrado y corpulento. Seguimos con esta variedad y llegamos a uno del año 1937 totalmente distinto a sus hermanos, porque saca unos aromas de fruta tropical (maracuyá) fragantes y nítidos.

Pero aún hay más, porque de entre las joyas encontradas en ese histórico cofre de una edificación levantada en 1619, llegamos a la casta Boal, nada menos que a la añada de 1908 ,y nos deleita con su complejidad y concentración. Y cómo no, los malvasías nos llevan a la cúspide del dulzor que se llevaba allá a principios del siglo XX. El D’Oliveira Malvazia 1907 (así, escrito con z, como dicen que lo hacían antiguamente) nos muestra la cara dulce de aquellos turbulentos años. Toda una tarde de aprendizaje y disfrute en una compañía con todo lo necesario (turistas incluidos) para trasladarte a los comienzos del siglo pasado.

D’Oliveira es una firma seria, clásica, que reviste su casa de ese halo de cuidada antigüedad. Pero lo mejor es que el 30% de su producción la vende en su amplio establecimiento de la Rua dos Ferreiros.


2 comentarios to “Los viejos madeiras nunca mueren”

  1. samuel cano Dijo:

    Yo también estuve hace unos años en bodega Oliveira, y me quedó claro es que los vinos eran los de antes, ya que ahora principalmente destinadas al turismo, no creo que se hagan muchos grandes vinos en dichas instalaciones, más bien se han orientado a eso, al turismo. No lo estoy criticando, me parece una opción como otra cualquiera para dar vida a un negocio, pero creo que el vino ha perdido en ese proceso. Tal vez algunos de los vintage que aún guardan en esas bodegas y las grandes crianzas sí que serán vinos interesantes, y por supuesto las botellas de cuando dichas instalaciones eran meramente bodegas.

    Aunque creo que la verdadera importancia está en el viñedo, donde la producción, sobre todo de la Tinta Negra, es altisima y no pueden conseguir grandes vinos con ella, aunque sí, como bien dices tú, amables y sencillos.

    Salud y buen vino.

  2. Bartolomé Sánchez Dijo:

    Gracias Samuel. Acabo de hacer un reportaje en Vinum sobre la isla y sus vinos. Puedes entrar y leerlo, a ver qué te parece.

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