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Un grupo de amigos, la mayoría procedentes de la conocida tienda de vinos Lavinia, en Madrid, decidió conocer más de cerca, en el año 2002, cómo se elabora un buen vino. Comenzó todo como un juego en una diminuta habitación alquilada en San Pablo de los Montes, un pueblecito de Toledo. La viña, toda de Garnacha, que crece en altitudes superiores a los 800 metros sobre el nivel del mar, fue elegida teniendo en cuenta la edad (entre 15 y 52 años de antigüedad) y su estado sanitario. Sus amigos más allegados fueron los encargados de las primeras vendimias, que tomaron forma de vino en unas instalaciones precarias, pero funcionales. Es la elaboración más artesana que yo, personalmente, había visto. Eran momentos para el ingenio que, al final, surtió efecto, pues se produjo el milagro del vino. (más…)